viernes, 27 de abril de 2012

Tibet, pueblo en extinción

¿Qué decir de mi experiencia en el Tibet? Es un viaje que, sin lugar a dudas, no deja indiferente. Los paisajes y su gente marcan la diferencia. Paisajes a más de 4.000 metros de altitud. Cielo azul, sol abrasador, nada de árboles. Yaks pastando pacientemente. El Himalaya imponiendo su presencia. Adornos religiosos y festivos decorando, tanto edificios, como valles y montañas. Aquí una ristra de banderas de colores con oraciones budistas cruzando la ladera de una montaña. Allá montículos de piedras, a modo de ofrendas, junto al camino o en la orilla de los ríos. Coloridos estandartes en las esquinas de las casas paralepípedas, o en medio de las plazas de los pueblos, o en lo alto de las montañas. ¿Bonito? No podría afirmarlo con certeza. Imponente y fascinante, sin lugar a dudas.

Ofrendas a la orilla del lago Yamdrok Tso


Más aún que el paisaje impactan sus gentes. A pesar de los 60 años de ocupación china (perfectamente reflejados en carteles y puertas conmemorativas), mantienen ostentosamente su diferencia. Aunque haya una juventud despreocupada por la cultura tibetana. A pesar de que se oiga mandarín en las calles de Lhasa. Aunque el ejército chino mantenga soldados armados vigilando y patrullando. Aún así, la cultura tibetana pervive dentro del Tibet. Todavía. Una cultura profundamente arraigada en la religión, en su budismo autóctono, importado de Nepal, pero adaptado al Tibet.


Puerta conmemorativa de los 60 años de ocupación china con el palacio de Potala al fondo en Lhasa

Los tibetanos gustan de tener una vida sencilla, podrían haber sido ricos, su país es abundante en minerales, pero esto nunca pareció interesarles. Sus vidas giran en torno a los ritos budistas que practican con alegría, como una fiesta. Dedican largas horas a pasear alrededor de los templos, siempre en el sentido de las agujas del reloj, practicando el habla o la oración, en ocasiones, ayudados de rosarios o elementos giratorios.

Mujeres practicando la Kora en el mercado de Barkhor en Lhasa
También realizan interminables postraciones para ejercitar cuerpo y habla simultáneamente, quedándoles ya sólo por dominar la mente para poder alcanzar la iluminación. Es un espectáculo asombroso para el observador occidental. El dominio de la mente es lo más difícil, posible a través de la meditación, en la que los monjes se suponen expertos. 

Prostraciones frente al templo de Jokhang en Lhasa
Los monjes para mí merecen un capítulo a parte. Me parecieron lo menos auténtico del Tibet (bueno junto con las restauraciones de edificios de los chinos que ya se sabe que consisten en construir de nuevo). No todos los monjes, claro. Alguno que encontramos cuidando un templo semiderruido y solitario en lo alto de una montaña, o las monjas del convento que casi nadie visita, o los monjes que recientemente se han suicidado, seguro que son excepciones. En general, parecen figurantes a cargo de los templos. Y pidiendo un buen dinero extra por tomar fotografías en su interior (en alguno llegó a los ¡20€!). Si recordamos que los chinos acabaron prácticamente con todos los templos y expulsaron (o algo peor) a sus monjes, prohibiendo el culto durante años, ¿cómo asegurar que quienes volvieron a los lugares de oración invitados por los chinos para promover el turismo sean auténticos? Los habrá que sí, pero también que no. Aún así, el pueblo tibetano les respeta y colma de donaciones los templos.


Es muy común ver gentes muy sencillas visitando los templos, realizando las postraciones, encendiendo las velas de aceite y dejando billetes en las imágenes de los budas. Al fin y al cabo, según su creencia, si el monje no se comporta como tal, es él quien tendrá mal karma, no el devoto fiel que le haga una ofrenda creyéndole bondadoso, éste tendrá buen karma por ello.


Para acabar os dejo un video de un ritual - espectáculo que vi en el monasterio de Tashilhunpo, en Shigatse. Daba respeto.

video


Cuando terminó el acto, todo el pueblo se quedó merendando, a mí y a mi amiga nos invitó a unirnos esta simpática familia, con ellos tomé una cerveza tibetana. Así es el pueblo tibetano. Ojalá perdure.



 ¿Qué opinas del Tibet? ¿Crees que está en peligro de extinción o que perdurará?

2 comentarios:

  1. Parece que tengo el honor de ser el primero en comentar.
    Me ha gustado tu relato, estoy planeando un viaje por India, Nepal y Tibet y me has puesto los dientes muy largos, ya no puedo esperar más.
    En cuanto a los monjes, aún no he estado en Tibet pero el resto de países que he visitado ya me han parecido unos jetas...
    Que tal Tibet en marzo? Mucho frio?
    Saludos

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    Respuestas
    1. Hola Rik! Seguro que vas a disfrutar mucho de tu viaje. Es un viaje duro pero que no te dejará indiferente.
      Del tiempo en Marzo no sé decirte porque llevo el blog con bastante retraso (estuve en Septiembre del año pasado). De todas formas, como está muy alto, el sol da con fuerza y, aunque la temperatura sea baja, no hace tanto frío como debería. Vamos, que hay que ir en plan "cebolla" para irse quitando capas.
      Yo en la India aún no he estado, ya me contarás...¡Qué envidia!¡Disfruta del viaje!

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